La situación actual del Deportes Quindío ofrece muchas reflexiones y un contexto profundo para analizar sobre un anunciado desenlace trágico apoyados por voces de aliento convertidos en ecos inmersos en el silencio, en los últimos días pasamos del cielo al infierno. Son dos lugares tan distintos, que terminan por parecerse uno al otro. Son los escenarios del amor. Cómo olvidar esa tarde de domingo cuando demostraste hasta la saciedad que la grandeza está de vuelta, que el perdón que te he entregado con el corazón por los12 años de tristezas no fueron suficientes y el amor no es perfecto, apenas pasaron tres días y lo increíble sucedió. Aún malherido tuve la esperanza de que desde el punto penal me despertara de esa pesadilla, pero no, la realidad era otra, una vez más, aterrizamos de barriga. Por unos minutos quedamos petrificados como muda expresión de la inercia deificada por la impotencia, y sólo los que conocemos el amor verdadero por el Deportes Quindío sabemos lo que se siente, los demás no.
Y como el amor verdadero todo lo puede y todo lo perdona, unos minutos después de que cesó la horrible noche, me puse en la tarea de hacer un balance de lo que han sido estos muchos años en que hemos caminado juntos de la mano. No solamente no encontré ninguna razón de peso para sacarte de mis afectos y buscar nuestro divorcio, sino que me di cuenta, una vez más, de que mientras haya mañana, habrá esperanzas. Por eso, hoy más que nunca, desde la distancia y con el descenso directo aun así te declaro mi amor. Seguiremos caminando juntos porque lo que no nos mata el sentimiento, lo hace más fuerte. Finalmente el amor, como el fútbol, nos da revancha. Por eso, aunque tú no lo valores, yo seguiré aquí, a tu lado, en las muchas malas y en las pocas buenas, por siempre Quindío.

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